El primer día que llegué a Madrid, una de las cosas que encontré raro fue que para abrir muchas de las puertas hay que usar dos manos. Es una cosa pequeña pero es alguna que NUNCA será el caso en los E.E.U.U., donde todo está hecho para la conveniencia, la eficiencia, la rapidez, a cualquier fin. Tampoco hay "convenience stores" como tenemos en los E.E.U.U., que no es gran sorpresa, pero hay farmacias en que el farmacéutico conoce a todas las personas del barrio, muy como un pueblo. De hecho, hace dos días que entré a una farmacia cerca de mi casa y el farmacéutico me dijo "hmm, yo no te conozco," algo que lo más seguro no habría dicho nadie en CVS.